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Contribución por Pr. Balz

Aceites esenciales y perfumes naturales: 
una ayuda preciosa para la belleza, la salud, el bienestar

Si no existiera el reino vegetal, en la tierra no habría vida. Las plantas nos dan todo lo que necesitamos: nutrición, ropa, muebles, medicamentos, regeneración del oxígeno y perfumes inimitables. A diferencia de los animales, las plantas no se mueven. Echan raíces en el lugar donde nacen y deben necesariamente conformarse al entorno que las rodea. Por esta razón, han desarrollado una extraordinaria capacidad de adaptación y evolución.

Es así como, en el curso de su larga historia, han creado su extraordinaria diversidad: desde los árboles más grandes hasta las flores más raras, desde las legumbres hasta las plantas medicinales.

A nosotros nos interesan las plantas que han desarrollado aromas y perfumes. La aparición de los aromas en el mundo vegetal constituye una revolución que marca la historia de las plantas. La vida comenzó en el mar. Luego las plantas empezaron a colonizar las tierras emergidas.

Su evolución ha consistido en varias etapas:
- la aparición del sexo de los vegetales
- la capacidad de fotosíntesis (es decir, de utilizar la energía solar para crear nuevas moléculas)
- la colaboración con el mundo animal, inventando la compleja química de los colores y de los aromas para conducir los insectos hacia las flores.

Precisamente de esta manera se produce un intercambio vital y considerable entre las plantas y los animales. Las plantas ofrecen su néctar y su polen. Los animales contribuyen a la polinización, a la supervivencia misma y al desarrollo de las plantas.

Los perfumes -sustancias ricas, preciosas y complejas- constituyen la etapa más completa de la evolución biológica de las plantas aromáticas. Fruto de la cooperación con el mundo animal, simbolizan las leyes de armonía que sirven de vínculo entre los vegetales, los animales y el ser humano.

Los perfumes y los aceites esenciales contienen propiedades medicinales y curativas de las plantas aromáticas.

Para preservar la calidad óptima de los aceites esenciales, es preciso obtenerlos por destilación a vapor. Es preferible el uso de plantas provenientes de agricultura biológica que dan vida a aceites esenciales biológicos. Aun en muy pequeñas cantidades, estos preciosos aromas ponen a disposición sus múltiples propiedades a través de los productos de aromaterapia para el cuidado del cuerpo, del rostro y del cabello. Numerosos estudios han puesto en evidencia la acción revitalizante y armonizadora de los aceites esenciales, especialmente a través de cadenas aromáticas similares contenidas en las plantas y en los humores de nuestro cuerpo.

 

El diálogo olfativo con las plantas puede resumirse de la siguiente manera: los perfumes y los aromas que nos agradan favorecen nuestra salud. Como se sabe, la piel es el órgano más extendido del cuerpo y constituye la interfaz entre el interior y el exterior. Refleja el funcionamiento del organismo, filtra y nos protege de las influencias negativas y de los distintos tipos de contaminación provenientes del exterior. Nuestra epidermis, así como nuestro cabello, constituye el espejo de nuestro estado de salud. Por lo tanto, es útil seguir un régimen de vida equilibrado: comer sano, beber mucha agua, hacer ejercicio físico, cultivar pensamientos positivos, confiando en la vida que fluye dentro de nosotros y que nos une no sólo a las otras personas sino también a todo aquello que vive.

La salud y la belleza de nuestra piel requieren cuidados: detersión, hidratación, tonificación, regularización de la actividad de las glándulas sebáceas, prevención del envejecimiento.

Para ello, los aceites esenciales de calidad ofrecen sus fuertes propiedades terapéuticas y benéficas. En particular, desarrollan una revitalización intensiva del organismo y una protección ligada a su actividad antiséptica y desinfectante.

La vía cutánea es considerada por muchos terapeutas como el mejor canal para el uso de los aceites esenciales, porque nos permite aprovechar de la manera más simple sus numerosos efectos benéficos.
 

Sus nombres son evocativos:

Romero (Rosmarinus Officinalis): estimulante general, revitalizante y regenerador celular. Es ideal para el cabello seco y desempeña una acción coadyuvante anticaída.

Lavanda (Lavandula Angustifolia): calmante y suavizante. Lenifica las irritaciones y favorece la regulación de la secreción sebácea. Indicada para cabellos normales y grasos.

Árbol de Té  (Melaleuca Alternifolia): desinfectante general, antiinflamatorio y antibacteriano. Actúa contra los parásitos.

Salvia (Salvia Officinalis): estimulante general, indicada para las patologías de la piel. Desempeña una acción coadyuvante contra la caída del cabello. Antibacteriano, antiséptico y cicatrizante.

Menta (Mentha Arvensis): potente aceite esencial para utilizar en pequeñas dosis. Tiene propiedades antibacterianas, antiparasitarias y analgésicas. Presenta características anticefálicas (ligadas a la acción antálgica y vasoconstrictora). No se debe aplicar a los lactantesni a los niños.

Eucalipto (Eucalyptus Globulus): estimulante, astringente, analgésico y cicatrizante. Indicado también para las inflamaciones de la piel causadas por bacterias y hongos. 

 

Son sólo algunos ejemplos para comenzar nuestro viaje
por los perfumes y aromas que nos cuidan.